lunes, 27 de febrero de 2012

Museo Arqueológico Dr Eduardo Casanova, Tilcara

Justo frente a la Plaza principal de la localidad de Tilcara, sobre la calle Belgrano 455, se encuentra el Museo Arqueológico “Dr. Eduardo Casanova”. Feu inaugurado en 1968 y es el único museo arqueológico en la Provincia de Jujuy. El museo depende de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Exhibe una amplísima colección de objetos arqueológicos provenientes de América meridional y  particulamente de las culturas pre-hispánicas de la región.

Aunque todo material arqueológico es único y valioso, cabe destacar la relevancia que algunas colecciones tienen, tanto para el público en general como para los investigadores. Pueden mencionarse las impactantes momias con vestimentas y ajuar funerario del Norte de Chile y de la Puna, los numerosos vasos peruanos de las Culturas Nazca, Mochica, Chimú, Inca y el material boliviano de Tiahuanaco.

El Museo posee además máscaras y adornos de oro hallados en sitios arqueológicos de la Quebrada de Humahuaca, collares de cuentas semi-preciosas, calabazas pirograbadas puneñas, textiles peruanos de la Cultura Paracas en excelente estado de conservación, un valioso quipú incaico, y piezas cerámicas diversas, muchas de ellas únicas por su estilo, de las sociedades agro-alfareras más importantes del Noroeste argentino. Debe señalarse que el Museo posee las colecciones más variadas y abundantes que existen en el país sobre las culturas prehispánicas de Puna y Quebrada de Humahuaca, abarcando desde los grupos cazadores-recolectores hasta el contacto hispano-indígena.

Ejemplos de ellas son las procedentes de los yacimientos arqueológicos del Pucará de Tilcara, Juella, Volcán, Hornillos, La Isla, Angosto Chico, Huachichocana, Inca, Cueva, Doncellas, Sorcuyo, etc.

Los materiales arqueológicos se exhiben en ocho salas a las que se agrega una más para exposiciones temporarias. Las salas están divididas según las diferentes regiones de procedencia, y son renovadas periódicamente. Se planea rediseñar arquitectónica y metodológicamente el Museo, dotándolo de un sentido moderno y atractivo para el visitante, sumando nuevas formas de transmisión del significado de las piezas en exposición.

La existencia de una Biblioteca en el edificio del Museo brinda la posibilidad de completar por medio de la consulta bibliográfica la experiencia del recorrido a través de nuestro pasado cultural.


El histórico Pucará ("fortaleza", en quechua) que cuidan con celo los pobladores jujeños de la Quebrada de Humahuaca encierra corrales para llamas, sendas, dormitorios, escaleras, galerías y sepulcros que domina todo el paisaje. Desde su construcción en el siglo X, el legado de una de las culturas agroalfareras tardías del noroeste argentino ocupa una superficie de 15 hectáreas.

El conjunto se distingue desde la serpenteante ruta nacional 9. Y hasta parece un castillo. Todo es mágico en ese paraje enclavado en Tilcara ("estrella fugaz"), un típico pueblito de la quebrada, de calles angostas y empedradas. Al Pucará se accede luego de cruzar un puente de rieles de acero. A un costado a metros del Pucará se levanta un montículo, que los tilcareños transforman en anfiteatro natural para organizar celebraciones que invocan a la Pacha Mama («madre tierra") y encuentros de grupos musicales El yacimiento fue descubierto en 1908 por Juan Ambrosetti, director del Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, junto a su discípulo Salvador De Benedetti. Recién en 1948, Eduardo Casanova retomó las tareas de restauración.

Las casas reconstruidas son de pared de piedra y techo de barro y paja, sostenidas con madera de cardón. Están organizadas en tres zonas delimitadas con carteles entre senderos. Parte de las viviendas, diseminadas sobre el faldeo a la entrada del Pucará, dan la sensación de estar habitadas Otras se levantan alrededor de la denominada «iglesia" y en cercanías del Monumento", que se destaca en la parte más alta del pueblo. En el sector de la iglesia se conservan dos altares, donde, se cree los primitivos habitantes de estas tierras rendían culto al Sol y a la Luna. El visitante puede ingresar a las casitas, que cobijan esculturas de aborígenes de tamaño natural, ataviados con sus ropas típicas, lo que da mayor fuerza a la reconstrucción. 

Después de la conquista, estos pueblos fueron sometidos al régimen de encomienda, siendo obligados a residir en un lugar determinado y a trabajar por temporadas para el encomendadero.

Esto llevó a una drástica disminución de la población y, desde luego, al abandono de los pucarás. La gente de Tilcara mantiene la memoria del Pucará como -su pueblo originario (Antigal o lugar de los antiguos).

En 1908 comenzaron sus investigaciones en el pucará los arqueólogos J.B. Ambrosetti y S. Debenedetti, quienes realizaron una primera restauración, elevando las paredes de los recintos hasta aproximadamente 1 m. de altura. Fallecidos ambos, en 1935 se construyó en su homenaje el monumento en forma de pirámide trunca que, ocupa la cima del cerro. La plataforma ubicada al oeste estaba destinada a servir de base a un monumento al Indio, que hasta la fecha no ha sido terminado. Ambas construcciones fueron realizadas en el sector que los habitantes originales habían dejado despejado, a modo de plaza.

A partir de 1948, el Dr. E. Casanova retornó al proyecto de “restauración”, reconstruyendo con sus colaboradores las viviendas que actualmente pueden visitarse. En la actualidad, el sitio continúa siendo estudiado.

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DATOS UTILES

UBA, Facultad de Filosofía



1 comentario:

  1. Justo cuando la luna y el sol estaban en conjunción, recorrió como un sagaz tigre que recorre desde la selva al pucará
    Parte de su ladera donde brotaron en vergeles y alimentos determinados por la altura en sus infinitos modos.
    La pacha mama resurgía en el viento de las quenas que asombraban a las escasas aves besando el cielo. Quizás bajaban a los escalones de la fortaleza, la magia embrujada de la chicha ensangrentada por el conquistador.
    Tal vez desde el Río Grande llegaban las llamas y se echaban, adorando al sol esquivo de la Puna , junto a los parapetos donde un coya prestaba al paisaje el colorido de su poncho .
    No recordaba la primera vez que estuvo allí. Ni siquiera titilaban dentro de ella los recuerdos placenteros del pasado, con aquel sol cobrizo y el viento marcando con fuerza a los nativos que nacían para adorar al inti y morir en el vientre de la pacha mama dentro de un hueco vientre de alfarería .
    Los hilos de agua que bajaban cansados y débiles ,cantaban leyendas milenarias y supersticiones con letras de rituales ancestrales .
    Casi un sincretismo perfecto ,casi sobrenatural , ribeteados por los antiguos andenes de cultivo en esas alturas, que sólo mascando coca soportaban .
    Justo alli cuando la luna y el sol en conjunción estaba, se retiró muy lejos el alma de aquella vajilla rota que vio romper el sueño de una cultura milenaria ,esa cultura que quiso recorrerla una vez más en el viento de la puna que descendía por el pucará de Tilcara .

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