miércoles, 23 de septiembre de 2015

Relatos, viajar siempre es posible

De Lobos a Machu Picchu

Esta no es la historia de un viaje propio, sino de un encuentro, de una conversación casual. De ponerme a cambiar una cubierta de mi bici y que alguien se acerque a charlar y conocer a donde voy.


LAGUNA DE LOBOS


Hay lugares que me atraen recorrer. Soy de cabotaje, no me inquieta conocer la muralla china aunque la supongo imponente. Se de mi ignorancia y quizás de mi comodidad de reducirme a recorrer paisajes nacionales, pero reniego de construir de eso una idea localista y patriótica.

Me atrae la puna de Catamarca a Jujuy, de Calama a Uyuni. Salares, volcanes, vicuñas, pueblos mineros, formas y colores, a unos 4 mil msnm.

No pretendo dejar huella atrás, pero me gusta internarme un poco más de lo ya turísticamente impuesto. Aunque a pie o en bici difícil llegar.

Canta don Atahualpa “Para el que mira sin ver, La tierra es tierra nomás, Nada le dice la pampa, Ni el arroyo, ni el sauzal”.

Más allá de mi declaración de principios, me interesa contar una historia que empieza regresado antes desde la Ciudad de Lobos, para anticiparme a la lluvia. En el camino tuve que cambiar una cámara desinflada de mi bici, hace días que vengo renegando con una cubierta en mal estado.


QUEBRADA DE LAS FLECHAS, VALLES CALCHAQUIES
En el medio de mi tarea, un empleado de la ypf se me acerca con curiosidad. En la planicie pampeana, a 100 kms del puerto conversamos de aquellas alturas que antes mencionaba.

Le cuento mi viaje en bici por los valles calchaquies. Hablamos de San Antonio de los Cobres, de Cafayate y de Molinos. Me cuenta que desde allí llego a dedo hasta Machu Pichu. La experiencia de viajar a pie, en colectivo, en bicicleta.

Recuerdo otra conversación donde una persona me contaba de su viaje a pie de Cafayate a La Poma, con su mochila y carrito. Si este hombre pudo hacerlo caminando, fue una confianza que yo podría en bicicleta y lo hice. Y cruzar la Quebrada de las Flechas era una ilusión concretada que quedará en mi memoria y emociones por siempre.

Pero hay otros desafíos que parecen imposibles sin vehículo propio, donde las piernas no alcanzan y los colectivos no pasan. Recorrer la Ruta Nacional 40 pero la de verdad, la de ripio, la de abras de 4 mi metros o más, la corre por el cauce de los ríos.

Uno de esos objetivos difíciles para mi es atravesar el Abra del Acay, a casi 5 mil metros, arriba de las nacientes del Calchaqui, puerta de entrada a la puna, lugar del que siempre hay un aventurero que cuenta su viaje pero…. yo como puedo llegar?

CUMBRES DEL ACAY, VISTA DESDE SAN ANTONIO DE LOS COBRES
Y allí aparece mi interlocutor a contarme que estuvieron un par de días en La Poma, buscando alguien que hiciera ese paso, que los pudiera llevar en su vehículo.

Que así fue, con un día hermoso pero muy muy frío, consiguieron una gente que les permitió compartir su camioneta. Así haciendo dedo, preguntando, esperando.

Las cosas que uno descubre donde menos lo espera. Tantas veces he querido y no sabido como, y aquí a tanta distancia de esas alturas encuentro una respuesta.

Una lección, aunque parezca imposible…. viajar, siempre se puede!!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario