miércoles, 17 de agosto de 2016

Estancia La Porteña, El Palacio Dominguez, Lobos

Todas estas tierras fueron en un principio otorgadas a un Sr. Salomon, por el gobierno de España por intermedio del virrey. Mas tarde fue propietario un pariente de Salomon, Francisco Cascallares, de quien las heredo su hijo Juan Antonio, uno de los hombres más progresistas de la época. Juez de Paz y primer presidente de la municipalidad de Lobos, contribuye con su peculio personal a la construcción del primer templo de material e instituyó la educación gratuita en la ciudad, entre otras cosas.



Años después La Porteña fue adquirida por don Salvador María del Carril quien fue ministro de Rivadavia, gobernador de la provincia de San Juan y vicepresidente de la Confederación Argentina en el gobierno de Urquiza.

Durante la época de Rosas, don Salvador María, unitario, tuvo que refugiarse junto con su mujer, Tiburcia Domínguez en el Uruguay.



Cuenta Virginia Carreño en “Estancias y Estancieros”, que en la vecina orilla debieron vivir con gran austeridad, teniendo diversos menesteres, como el de fabricar jabón. Después de años de exilio, vuelve a Buenos Aires se transforma en estanciero y profetiza a sus hijos un futuro basado en el campo. Su mujer después de tantos sinsabores, se encontraba muy a gusto en la capital y después de las pasadas estrecheces se aficiono al gasto. Su marido le pidió que no continuara con el despilfarro, y, como ella no le hizo caso, Salvador María del Carril publico en los diarios que no se haría responsable de nuevas deudas de la señora. Por ese motivo Tiburcia Dominguez nunca mas le dirigió la palabra.



Cuando el Dr. del Carril murió en 1883 su viuda recibió su parte de la inmensa fortuna, que la ayudaría a concretar una obra singular. La casa colonial que del Carril había comprado a Cascallares, con su patio y el típico aljibe, rodeada por una verja fue destinada a los peones y muy cerca de ella levanto, Tiburcia, un espléndido palacete de estilo francés, realizado por el ingeniero Otamendi, la inaugura en junio de 1895 cuando cumplió 89 años.

En esta casa, tuvieron lugar a fines del siglo pasado las fiestas mas distinguidas de la sociedad porteña. Los recibos en el día del cumpleaños de su dueña eran espectaculares. Llegaban los invitados en un tren especial y seguían en coche hasta La Porteña; viajaban también por su lado cocineros, vajillas, músicos, floristas. El interior fue adornado con espléndidos tapices, altos espejos que destacaban la escalinata y diversos rincones; los techos y paneles fueron decorados por artistas franceses. Este testimonio de una época, felizmente sigue en pie. De su primitiva época subsisten los techos y paneles de delicados motivos florales y pequeños paisajes.

Fuente: http://www.estanciapalacio.com.ar/








MAS INFORMACIÓN

http://www.lanacion.com.ar/203708-mientras-lobos-esta-todos-juegan-en-el-monte


1 comentario:

  1. Que construcción hermosa. Lástima que sus dueños no tengan la amabilidad de dejarla conocer por dentro.-

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